viernes, 7 de septiembre de 2007

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Tirado en la cama, sin pensar en nada, las horas se hacían elásticas para Tony que se aburría mortalmente en su cuarto; chiquito, mugriento, oloroso. Si no fuera por su mamá que de vez en cuando limpiaba, Tony hubiera vivido en la mugre para siempre.
Ya no existían esos inviernos crudos de cuando era chico, ahora apenas si superaban un par de décimas bajo cero; los días mas fríos Tony se quedaba en la cama rumiando canciones viejas debajo de las sabanas, con la única compañía de su gato y su vieja pc que disparaba continuamente las mismas melodías circulares.
¿Para que levantarse si no había nada para hacer? Ya ni ganas de masturbarse tenía, esperaba como un cuervo que llegara la noche para salir de su cueva.
Pero tampoco se estaba tan mal allí, mientras hubiera música, unas pelis para ver, seinfeld en la tele y algo para comer, estaría todo bien.
Los posters seguían pegados en las paredes, como el último gesto de rebeldía adolescente de alguien que ya pisaba los treinta y que tenía un montón de canas en el pelo negro.
Cuando golpearon a la puerta no contestó, esperó a ver si entraban pero no, su mama seguro quería limpiar y airear la pieza. Se dio medio vuelta y dormito un rato mas, puso el despertador para las seis y esperó.
Mientras estaba ahí, pensó en chicas.
A la tarde ya fue capaz de levantarse y después de desenredar la maraña de pelo, se calzó los borcegos y la anacrónica campera de cuero, agarró el discman y salio para el centro. Caminando puteo por no tener guita para un colectivo, menos para comprar un auto. Ya había vendido el bajo y el amplificador y poco le quedaba de ese dinero, así que compró puchos sueltos en el kiosco de siempre, a la vez que se quedó charlando con la hija del viejo, una rockerita medio boba, impresionada por Tony y su estampa de punk rocker old school. Después de unas cuantas cervezas la invitó a salir esa noche, y le tiró la dirección de un recital al que él iba seguro.
Le pidió unas monedas para el colectivo y se fue feliz de surgir con una chica después de casi un año de soledad, si todo le salía bien esa noche seguro que después del reci se la llevaba a su casa y le agitaba para curtir. Ya se relamía de placer pensando en todas las cosas que le haría.
Así siguió en el ómnibus dándose manija para lo noche, escuchando a los Ramones y cantando bajito, mientras miraba por el vidrio sucio a la gente que volvía de trabajar.
Buscando a la banda en el centro se cruzo con su ex que estaba con su ex mejor amigo, nunca supo bien si salían o no, pero una noche se colocó demasiado con pastillas y vino y los bardeo, acusándolos de traicionarlo, a él, a Tony, el alicaído “ultimo punk” que mantenía la actitud y que las bancaba un fardo. A él que fue el único que no transo y que no se dejo chupar por el “sistema”, que no tenía un collar de esclavo y que no le debía nada a nadie.
La “actitud” era todo para Tony, el “hazlo tu mismo”, la anarkia, el rechazo a todas las convenciones que la sociedad impone a los sujetos que temerosos de su propia naturaleza y cobardes para hacerse cargo de su propia vida, se dejan chupar por el capitalismo, etc., etc., etc.…
Saludó con la cabeza apenas y siguió caminando, alejándose sin miar atrás; preguntándose adonde quedó el libro de Satre que su papa le regaló, antes de viajar a Europa y nunca más volver.
Desde que había dejado de tomar pastillas ya no se sentía el mismo, estaba triste y deprimido todo el tiempo y no tenia ganas de hacer nada, solo fumar y tomar cerveza.

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